Todo lo que había en este blog ha ido a parar a El pasado oscuro de Sara o a lepidopterofilia, que es el blog que uso (actualmente) desde mayo de 2015.
El presente amargo de Sara
(La vida es demasiado larga, pero el tiempo pasa muy rápido)
jueves, 24 de marzo de 2022
Ups
viernes, 16 de mayo de 2014
(Cuento de hadas IV de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez una princesa muy amable que vivía en un reino apartado en las profundidades de un valle
«Érase una vez una princesa muy amable que vivía
en un reino apartado en las profundidades de un valle. Era tan bella que los
pretendientes acampaban durante meses fuera del castillo con la esperanza de
cortejarla. Pero ninguno de los acaudalados y apuestos jóvenes era del gusto de
la princesa.
Un día, cuando la princesa miraba por la ventana,
vio a un galante caballero pasar a caballo. La princesa se enamoró de él en ese
mismo instante y le rogó a su padre que le concediera una audiencia. El rey
accedió de buena gana, y la princesa no tardó en casarse con el joven
caballero.
Años después, cuando ambos reinaban sobre el
país, el joven partió a dar muerte a un peligroso dragón. La joven reina esperó
y esperó a que volviera su rey. Sin embargo, este no regresó nunca.
Un canciller de la reina hizo todo lo que pudo
para consolarla. Con el tiempo, la reina empezó a olvidar a su marido. Poco a
poco, se acabó enamorando del canciller.
El plan del canciller había funcionado. Había
enviado al rey a la cueva de un dragón y había sellado la entrada. La reina no
sabía nada de todo esto. Solo sabía que el rey no había vuelto y que amaba al
canciller.
Se casaron en una ceremonia lujosa. Desde los
asientos, el pueblo prestaba atención para ver a su nuevo rey. Parecía que los
habitantes iban a ser testigos del milagro del amor.
El traicionero canciller se había quedado con la
reina, la corona y el país.
Pero...
El rey no estaba muerto.
Un año después de entrar en la cueva, despertó
enterrado entre los escombros. Empleó las últimas fuerzas que le quedaban en
cavar una salida entre los cascotes. Al final, salió al aire libre y corrió al
castillo para tranquilizar a su esposa... Y allí encontró a su reina y al
canciller viviendo felices como marido y mujer».
P. D.: En el juego fragmentan este cuento; el
«Pero...» es el final de la primera parte y el principio de la segunda.
jueves, 15 de mayo de 2014
(Cuento de hadas III de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez un hombre muy pobre que vivía en un pueblo muy animado y feliz
«Érase una vez un hombre muy pobre que vivía en
un pueblo muy animado y feliz. Los habitantes del pueblo eran muy amables y
siempre se aseguraban de que nunca le faltara de nada a pesar de su pobreza.
Un día, al hombre más rico del pueblo le dio pena
y le compró una tienda para que pudiera ganarse la vida.
El pobre trabajó mucho y su negocio floreció en
poco tiempo. No tardó en convertirse en la tienda más próspera del pueblo. Iba
a visitarla gente de todo el mundo. Ni siquiera la tienda del hombre rico podía
compararse.
El hombre, que había dejado atrás la pobreza,
compró toda la comida del pueblo para dominar el mercado. Puso los precios de
la comida tan altos que nadie podía permitirse comprar nada, pero los
comerciantes de otros pueblos más ricos compraban todo lo que podían.
La codicia había cegado al hombre, que había
olvidado la deuda que les debía a los habitantes de su pueblo natal.
Sus vecinos se morían de hambre, pero al hombre
solo le preocupaba ver crecer su fortuna.
El avaro hombre se hizo tan rico que su fortuna
llegó a ser conocida en los rincones más remotos de la zona.
Erigió un lujoso palacio como monumento a su fama
mientras el pueblo decaía a su alrededor.
Los demás habitantes del pueblo se vieron
obligados a irse y el hombre se quedó solo en su reino. Ahí se lo tragó su
soledad, un precipicio vasto y vacío».
Bien está lo que bien acaba...
P. D.: En el juego ya dicen que es un final
perfecto.
(Cuento de hadas II de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez un chico que se encontró con un perro salvaje
«Érase una vez un chico que se encontró con un
perro salvaje herido y decidió ocuparse de él.
A medida que el perro se recuperaba, empezó a
confiar en el chico. Poco a poco, perdió los hábitos salvajes.
Durante los años siguientes, crecieron juntos y
se hicieron inseparables.
Sin embargo, un día, el chico tuvo que irse del
pueblo para cumplir su sueño de convertirse en un erudito. El chico dejó al
perro al cuidado de su familia porque sabía que los protegería. El perro aulló
de tristeza cuando el chico partió en su carro.
Con el tiempo, el chico se convirtió en un joven respetable
y cumplió su sueño de ser un erudito famoso.
Al volver a casa, estaba ansioso por enseñarles a
su familia y a su perro todo lo que había conseguido. Pero cuando llegó, se
encontró la casa vacía.
El joven, que ya era todo un hombre, le preguntó
a un vecino qué había ocurrido. Esa persona le dijo que la familia que vivía
ahí se había tenido que ir por culpa de un perro salvaje.
Fue entonces cuando el joven se dio cuenta de una
cosa. Le había traicionado aquel en quien más confiaba. No tenía ningún hogar
al que regresar y había perdido a su familia.
Con gran dolor en su corazón, el joven
desapareció en el bosque y nunca más se volvió a saber de él».
Fin.
martes, 13 de mayo de 2014
(Cuento de hadas I de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez un pequeño reino rodeado de bosques en el que vivían cinco niños
«Érase una vez un pequeño reino rodeado de bosques en
el que vivían cinco niños que compartían una amistad inigualable. Pasaban los
días disfrutando de su hermosa tierra, pescando en arroyos y correteando por
las praderas.
Un día, subieron a la colina más alta del reino, donde
encontraron una montaña de tesoros. Allí había un cartel que decía:
"Valiente aventurero, soy tuyo", así que lo repartieron a partes
iguales.
Cuatro de ellos se gastaron su parte en caprichos, y
el quinto enterró la suya en un bello lugar rodeado de verde. Quería tener la
posibilidad de volver a vivir su aventura y poder ir a buscar tesoros con sus
amigos siempre que quisiera. Esperaba que, así, los cinco amigos siempre tuvieran
un motivo para estar juntos.
El chico sabía que la gente cambia con la edad y
quería que el tesoro enterrado le recordara siempre el pasado.
Cuando volvió de enterrarlo, se quedó dormido a la luz
del sol, al lado de la ventana, completamente satisfecho».
Fin.
P. D.: En el juego ya dicen que parece inacabado, pero
no lo llegan a terminar.
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