viernes, 16 de mayo de 2014

(Cuento de hadas IV de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez una princesa muy amable que vivía en un reino apartado en las profundidades de un valle

«Érase una vez una princesa muy amable que vivía en un reino apartado en las profundidades de un valle. Era tan bella que los pretendientes acampaban durante meses fuera del castillo con la esperanza de cortejarla. Pero ninguno de los acaudalados y apuestos jóvenes era del gusto de la princesa.

Un día, cuando la princesa miraba por la ventana, vio a un galante caballero pasar a caballo. La princesa se enamoró de él en ese mismo instante y le rogó a su padre que le concediera una audiencia. El rey accedió de buena gana, y la princesa no tardó en casarse con el joven caballero.

Años después, cuando ambos reinaban sobre el país, el joven partió a dar muerte a un peligroso dragón. La joven reina esperó y esperó a que volviera su rey. Sin embargo, este no regresó nunca.

Un canciller de la reina hizo todo lo que pudo para consolarla. Con el tiempo, la reina empezó a olvidar a su marido. Poco a poco, se acabó enamorando del canciller.

El plan del canciller había funcionado. Había enviado al rey a la cueva de un dragón y había sellado la entrada. La reina no sabía nada de todo esto. Solo sabía que el rey no había vuelto y que amaba al canciller.

Se casaron en una ceremonia lujosa. Desde los asientos, el pueblo prestaba atención para ver a su nuevo rey. Parecía que los habitantes iban a ser testigos del milagro del amor.

El traicionero canciller se había quedado con la reina, la corona y el país.

Pero...

El rey no estaba muerto.

Un año después de entrar en la cueva, despertó enterrado entre los escombros. Empleó las últimas fuerzas que le quedaban en cavar una salida entre los cascotes. Al final, salió al aire libre y corrió al castillo para tranquilizar a su esposa... Y allí encontró a su reina y al canciller viviendo felices como marido y mujer».


P. D.: En el juego fragmentan este cuento; el «Pero...» es el final de la primera parte y el principio de la segunda.

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