jueves, 15 de mayo de 2014

(Cuento de hadas II de «La máscara de los prodigios»): Érase una vez un chico que se encontró con un perro salvaje

«Érase una vez un chico que se encontró con un perro salvaje herido y decidió ocuparse de él.

A medida que el perro se recuperaba, empezó a confiar en el chico. Poco a poco, perdió los hábitos salvajes.

Durante los años siguientes, crecieron juntos y se hicieron inseparables.

Sin embargo, un día, el chico tuvo que irse del pueblo para cumplir su sueño de convertirse en un erudito. El chico dejó al perro al cuidado de su familia porque sabía que los protegería. El perro aulló de tristeza cuando el chico partió en su carro.

Con el tiempo, el chico se convirtió en un joven respetable y cumplió su sueño de ser un erudito famoso.

Al volver a casa, estaba ansioso por enseñarles a su familia y a su perro todo lo que había conseguido. Pero cuando llegó, se encontró la casa vacía.

El joven, que ya era todo un hombre, le preguntó a un vecino qué había ocurrido. Esa persona le dijo que la familia que vivía ahí se había tenido que ir por culpa de un perro salvaje.

Fue entonces cuando el joven se dio cuenta de una cosa. Le había traicionado aquel en quien más confiaba. No tenía ningún hogar al que regresar y había perdido a su familia.

Con gran dolor en su corazón, el joven desapareció en el bosque y nunca más se volvió a saber de él».

Fin.

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